Tengo el gusto de conocer a René Avilés Fabila desde hace mucho tiempo. Somos, de hecho, viejos amigos y no lo digo sólo por la edad, sino porque nuestra amistad se ha reforzado a lo largo de los años. Siempre me ha fascinado su sentido del humor, tanto en sus obras como en la vida diaria.
Creo que la obra literaria de René Avilés es fundamental para entender el desarrollo de la literatura mexicana de las últimas décadas. Algunos de sus libros, como El gran solitario de Palacio, Memorias de un comunista y Réquiem por un suicida, se cuentan, quizás, entre los más significativos para los lectores de mi generación y también para los jóvenes lectores que han conocido a René no sólo a través de su literatura, sino también por medio de su importante labor docente y de difusión cultural. René ha sido Director General de Difusión Cultural de la UNAM y de la UAM, dos universidades centrales en el panorama educativo y cultural de México. Sigue siendo hasta ahora profesor en la UAM Xochimilco.
Además, en los últimos años, con el apoyo de su esposa Rosario Casco, estableció la Fundación René Avilés Fabila, centro de impulso a la creatividad y punto de encuentro de escritores. Desde esa plataforma está promoviendo ahora el Museo del Escritor, iniciativa única en México y, creo no exagerar, en el mundo.
Por ello, es un honor tener a René en Dinamarca, en la librería Ex Libris, dedicada a la promoción de la literatura iberoamericana, en la presentación de su última novela: El amor intangible, a la que me referiré a continuación.
Así como el marinero Ulises se hizo amarrar a un mástil para resistir al canto de las sirenas, así también los internautas de hoy deben sujetarse como puedan para no sucumbir a los deliciosos cantos del Internet cuando se navega en sus mares. Pero mientras que el personaje homérico tuvo éxito en su estrategia y pudo al fin tocar puerto en Ítaca para reencontrarse con Penélope; el desenlace es y será distinto para nosotros en el presente. Destino cruel el de los navegantes de la red, donde no hay mástil que valga. Todo aquel que se adentre en sus entrañas terminará extraviado en sus laberintos, donde ya no hay camino de regreso posible.
Todos nosotros terminaremos seducidos por las sirenas del ciberespacio. Un descuido, y el internauta terminará comprando lo mismo un libro que un misil; se consultarán miles de millones de bites conteniendo datos, no todos ciertos ni relevantes, imágenes e información de toda índole; se tocará a las puertas de esa gran vecindad del siglo XXI que es Facebook; se probará suerte en ese gran democratizador de la televisión que es Youtube; o simplemente se terminará sucumbiendo en una red compleja de amores y desamores a distancia, pasiones y desventuras que pueden pasar de la virtualidad del monitor y el teclado a la más pura densidad de la vida real. Ésta es precisamente la principal lección que podemos extraer de la nueva novela del mexicano René Avilés Fabila.
El amor intangible es un libro rabiosamente contemporáneo, y es además una crónica novelada de nuestro tiempo. Podríamos incluso sugerir un nuevo género literario con la aparición de esta novela: el del realismo virtual, como sucedáneo legítimo del realismo mágico que todos conocemos.
Dotada de una gran vitalidad narrativa, la novela de Avilés Fabila tiene una brutal carga humorística, pero es también dueña de un enorme poder seductor y analítico. Detrás de los enredos de su protagonista asistimos al drama de toda una generación: la nuestra, hombres y mujeres de todas las edades a los que no nos hermana la edad sino el acceso masivo a las herramientas de la internet. Somos nosotros, los ciudadanos virtuales de la sociedad de la información, los verdaderos protagonistas de esta novela. Estamos ante una novela cargada de soledad y de búsqueda.
Son acaso los seres de la internet los hombres y mujeres más solitarios del planeta, y al mismo tiempo navegan por los mares de la triple w acompañados por millones como ellos. ¿Estamos más acompañados o más solos que antes gracias a la Internet? ¿Puede sobrevivir el amor y sus códigos epistolares de antaño ante la inmediatez de los mensajes por Internet? Estas son algunas de las preguntas que asaltan al lector al recorrer las páginas de la novela.
Regreso a la imagen de Ulises como metáfora del internauta. Épico como ningún otro personaje de la literatura, Ulises por fin tocó puerto en Ítaca a la vuelta de nueve años. Pero nosotros, los internautas de hoy, mortales y sin dioses del Olimpo a los cuales acogernos, debemos resignarnos al extravío eterno de encontrarnos en el centro sin centro de este monstruoso Aleph al que llamamos Internet, una pesadilla de Borges vuelta realidad y traducida por René Avilés en clave de novela. Es la internet un panóptico temible que nos hace estar en todas partes y en ninguna, la consagración cruel o magnífica de la utopía moderna, y es el protagonista de esta novela una suerte de cibergalán donjuanesco deliciosamente cínico, el primer ciudadano virtual en la república de la literatura mexicana del siglo XXI.
* Palabras de la Embajadora de México en Dinamarca durante la presentació de la novela de René Avilés Fabila, El amor intangible,, en la Librería Hispánica Ex Libris de Copenhague, Dinamarca. Septiembre de 2008
**Publicado En la Revista Universo de El Búho. Núm: 102 Noviembre 2008.