René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

El amor intangible de René Avilés Fabila*

Elsa Cano

¿Qué entendíamos en el siglo XX al escuchar la palabra “carta”? Pues un papel escrito y generalmente puesto en un sobre cerrado, que una persona enviaba a otra para comunicarse con ella. Ese maravilloso ejercicio, esa ancestral costumbre está hoy desaparecida. En los años cincuenta existía en esta ciudad una popular revista llamada Confidencias y mediante ella, los lectores podían escribir cartas, solicitando novio (a) de características definidas y especiales. Todo esto es tiempo pasado y superado.

Vivimos ahora en el ciber-espacio y nos comunicamos por medio de Internet. Pero yo pienso que una constante para disfrutar la comunicación por Internet es la soledad; porque narrar nuestra vida personal, sin verse a los ojos, ni escuchar el tono de voz, es algo que motiva y alimenta a los jóvenes, pero a las personas maduras, por no decir viejas, este tipo de comunicación nos mantiene sorprendidos y poco convencidos. De ahí, precisamente, la importancia de escribir una novela como El amor intangible de René Avilés Fabila (RAF).

Es este un libro que hace reflexionar al lector en algo realmente valioso: lo fundamental, lo trascendental es comunicarse, lo sublime es amar; la forma, el medio, la manera, es lo de menos. En una época con tanta escasez de amor como ésta (primera década del segundo milenio) pareciera que hay, en forma contradictoria, un regreso al pasado, ¿por qué? Porque el correo electrónico también tiene su dosis de amor misterioso.

Las misivas de antaño, hoy e-mail, RAF las ha idealizado y esto es bueno porque devuelve al lector una fe que ya estaba perdida. Fátima, Claudia, Sofía, Graciela, Marlene son meros pretextos para expresar en prosa fluida que el amor no es eterno; que es y debe ser temporal para disfrutarlo, como dice el proverbio chino, por momentos inolvidables y no, por rutina diaria. RAF acepta y comparte la tecnología para no convertirse en un hacedor de literatura avejentado; pero habla, explica, narra con diferentes voces, con diferentes perspectivas. Por ejemplo cuando Fátima expresa sus ideas, sus conceptos, estos son plenamente femeninos: sólo las mujeres memorizamos las fechas de aniversarios, del primer beso, etc., esas cursilerías, que, aunque algunas féminas lo nieguen, nos fascinan a todas.

RAF usa frases propias o de autores reconocidos, y con ello el lector puede disfrutar la asimilación de las enormes lecturas que ha hecho René, y por otro lado, sus juicios personales sobre el intrincado tema del amor. Habla por ejemplo de los llamados códigos corporales que los enamorados interpretan como intuición y enlaza la paráfrasis con Jaime Sabines.

El amor intangible no son memorias, ni tampoco un diario íntimo, son cartas. Jean Paul Sartre llamaba a este tipo de novela epistolar “el realismo en bruto de la subjetividad, sin mediación, ni distancia”.

En cuanto a la forma de presentación de la estructura hay novedades muy agradables. Tenemos un narrador que no tiene nombre, que no es RAF y tenemos un personaje ajeno al narrador que sí es RAF. Entonces hay un desdoblamiento, una transposición, una transpolación del autor. Veamos: El protagonista le envía a Fátima un cuento que fue escrito por RAF; y más adelante el narrador describe una reunión de intelectuales donde se encuentran, entre otros: Rubén Bonifaz Nuño, Bernardo Ruiz y René Avilés Fabila. Esto es, el autor forma parte de su creación como Alfred Hitchkock que aparecía siempre, aunque fueran sólo segundos en sus películas.

Dicho de otra manera, el escritor tiene el recurso de ponerse como personaje independiente para crear una realidad más cotidiana, más cercana, más reconocible a la verdad de la vida y ejecuta un juego entre fantasía y realidad. Esto es así porque la verdad trata de alentar a la ficción literaria para darle una nueva perspectiva, más vital, en cuanto a estructura se refiere. Es un libro que fluye sin tropiezos, con claridad de pensamiento. El desenlace es apasionante, porque si el lector esperaba conocer a Fátima en la figura de un hombre, o de una anciana, o de algún familiar, se equivoca. El final es lo que tenía que ser para que la magia del amor pueda continuar.

Novela que se lee de una sola vez, sin parar, sin detenerse y que por supuesto debe leerse. En el siglo XIX, en el XX, en el XXI ¿qué es pues, una carta? Es un pliego de papel, una hoja en la computadora, un escrito lleno de dolor o de alegría, con noticias buenas o fatales, pero siempre ligada a la relación amorosa.

* Publicado en El Universo de El Búho 99 Agosto 2008