René Avilés Fabila  René Avilés Fabila

René Avilés Fabila y Lejos del Edén, la Tierra*

Miguel Valera Hernández

Lejos del Edén, la Tierra es un libro de cuentos que muestra algunos de los intereses literarios, que me parece, han movido a lo largo de sus 50 años de escritor a René Avilés Fabila: la literatura amorosa, la literatura política y la literatura fantástica. Literatura, acoto, siempre autobiográfica, porque aunque suene a lugar común, hay que señalarlo, en la obra de un autor está plasmada indudablemente, su existencia.

La reedición de este libro, que curiosamente fue editado en 1980 en la colección Ficción de la Universidad Veracruzana por el maestro Sergio Galindo, de feliz memoria, no puede ser más oportuna en este 2010 en donde René Avilés Fabila está siendo homenajeado por sus 50 años de escritor y 70 de abundante vida.

Lejos del Edén, la Tierra muestra a un hombre, un escritor, una vocación por las letras, una voz que critica el modelo de la sociedad burguesa-capitalista, un narrador nato que intercala historias, que como pez en el agua bucea entre la primera y la tercera persona, sin distraer al lector, arrobándolo con una narrativa ligera, fresca, puntual, y que aún más, nos lleva a la literatura fantástica, haciendo convivir a sus personajes con los muertos, como Rulfo en su polifonía de Comala.

Insisto, la Medalla Veracruz que le impuso el Gobernador Fidel Herrera Beltrán y la reedición de este libro que hizo el Gobierno del Estado, bajo la coordinación del Instituto Veracruzano de la Cultura que preside el licenciado Sergio Villasana Delfín, son más que oportunas y son un justo reconocimiento, René, a este esfuerzo de tu voluntad creadora al desgranarnos tu vida, tus vivencias, tu existencia, en libros, novelas, cuentos, ensayos, etcétera.

Cito el epígrafe de Joseph Glanvill, de los cuentos de Edgar Allan Poe, a los que te refieres en el relato “Miriam”, de Lejos del Edén, la Tierra: “Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza?”. Y añado, citando a don José Iturriaga Sauco, quien pellizcando los cien años, lúcido, sigue produciendo y suele decir a quienes lo visitamos en su casa de Coatepec: “¿Quién conoce los misterios de la po-si-bi-li-dad?”

Esa misteriosa posibilidad, natural en los seres humanos que siempre estamos en tensión esperanzadora hacia el futuro, fue la que hizo, también, que hoy estemos comentando la reedición de este libro aquí en el Paraninfo del Colegio Preparatorio de Xalapa.

A principios del año pasado conversé con René Avilés Fabila para una entrevista que se publicó el jueves 26 de febrero en Punto y aparte. Ahí le preguntaba sobre su relación con Veracruz y la Universidad Veracruzana, porque dos de sus muchos libros fueron publicados aquí: Lejos del Edén, la Tierra, (1980) y Cuentos y descuentos, ilustraciones de José Luis Cuevas, (1986), y no encontré ningún ejemplar en librerías:

A esa pregunta René me contestó: “Al parecer soy un olvidado hasta por quienes me editaron. Los libros que citas los publicó el inolvidable Sergio Galindo, un escritor como pocos en México y en momentos superior a Fuentes, claro, sin duda menos glamoroso. En vano he tratado de que los reediten, pero no sé a quién exactamente debo dirigirme”.

Qué bueno que la posibilidad tocó la puerta correcta y hoy nos congratulamos por esta reedición, porque no hay mejor homenaje a un escritor que la promoción de su obra a las nuevas generaciones.

VERACRUZ

Antes de hacer referencia directa a la obra que me corresponde comentar, quisiera referirme, René, amable auditorio, a otro vínculo que nuestro autor tiene con Veracruz, y hago referencia nuevamente a la entrevista de febrero de 2009, citando tres preguntas y sus respectivas respuestas, realizadas en esa pieza periodística:

-René, ¿cuál es tu relación con Veracruz? Tengo entendido que tu abuelo don Gildardo F. Avilés fue originario de Chicontepec.

“No es una relación muy estrecha a pesar de mis intentos por vincularme más con Veracruz. En efecto, mi abuelo paterno, Gildardo F. Avilés nació en Chicontepec y estudió en Jalapa. Fue alumno de don Enrique C. Rébsamen. Podría añadir que fue un maestro ejemplar, autor de una larga bibliografía sobre pedagogía, hoy olvidada, un hombre inquieto y rebelde. Solía decir: ‘Yo nunca he sido subordinado de nadie y sí insubordinado de todos’”.

-¿Y qué me puedes decir de la relación que tu abuelo tuvo con don Enrique C. Rébsamen?

“Fue su discípulo directo. Con Rébsamen se hizo un gran maestro. Más adelante, don Enrique envió a varios de sus alumnos a divulgar su sistema de enseñanza y a mi abuelo le correspondió viajar a Morelos y a la Ciudad de México. Mi padre, también maestro, uno de los creadores del libro de texto gratuito, rescató parte de la correspondencia entre ambos educadores y le llamó El maestro y el discípulo, un libro interesante que recoge una etapa distinguida de la educación mexicana. Lo editó la Sociedad de Geografía y Estadística en sus buenos tiempos”.

-¿Crees que esa obra merecería ser reeditada?

“Claro, por supuesto. Es un fragmento significativo de la pedagogía mexicana que merece ser conocido sobre todo por los educadores, por los maestros normalistas. No olvidemos el descrédito en que el gremio ha caído. Hace mucho tiempo que los maestros de educación primaria y secundaria carecen de figuras significativas. Todo México los imagina haciendo huelgas y promoviendo una suerte de manifestaciones, plantones y acciones del peor estilo, destruyendo edificios históricos, como en Oaxaca. El magisterio está sumido en líos que lo desprestigian”.

Hasta ahí la remembranza y la referencia, quizá, a una nueva tarea editorial que podría ser muy interesante rescatar.
Lejos del Edén, la Tierra

“Emma”

En el primer relato, “Emma”, desde el principio René Avilés Fabila va dejando huellas del interés de sus lecturas y formación literaria: Jane Austen, Borges, Flaubert, Cervantes, Shakespeare, Faulkner y Dostoievsky.

Luis Álvarez es un joven de veintidós años, estudiante de Ciencias Políticas, a quien le “gusta la literatura por encima de todas las cosas” y quien se encuentra en una fiesta con Emma, una chica que escribe poemas para sanar la frustración que le ha dejado la poliomelitis en sus piernas.

Luis, que ya publica cuentos en la revista Mester -la célebre revista del maestro Juan José Arreola- está convencido de su vocación de escritor, pero sabe que acomete, como él mismo lo señala, un hecho titánico: “ser artista en nuestro país es una suerte de tragedia, es la peor selección, significa incomprensión, odios, aversiones gratuitas y, finalmente, la soledad. A veces pienso que aquí necesitamos todo menos escritores de novelas y cuentos, requerimos militantes, revolucionarios. Somos un pueblo embrutecido por un Estado miserable y corrupto, cuyo capitalismo está construido sobre la demagogia, el robo, la traición…”.

El texto está marcado constantemente por una posición política de Luis, el aspirante a escritor.

La relación amorosa con Emma, que es punto focal de atracción de la narración, se va a un segundo plano ante los intereses del autor por dar alas al joven escritor que busca definir su rumbo, su estilo, su personalidad, en los acontecimientos que le rodean.

La referencia a La inconclusa, de Schubert, que Luis “repetía obsesivamente”, en uno de los tantos encuentros de amigos y alcohol, parece una señal al permanente interés de René Avilés por la intertextualidad en su obra. De La inconclusa (Sinfonía en Si menor) hay muchas teorías. Algunos autores dicen que Schubert no la concluyó al enterarse de una enfermedad venérea que contrajo, lo que lo llevó a la muerte. Otros señalan que la dejó inacabada, a causa del despecho que sintió por el desamor de La Golosa, una damisela con quien tenía una relación amorosa.
La referencia en el cuento “Emma”, parece una señal del interés del autor por mostrar a un escritor en ciernes, que busca la definición de su propia escritura.

En otro diálogo con Emma, señala Luis: “ahora que lo pienso, he sido y soy, mil autores a la vez, los que he amado y me han dejado su huella enriquecedora. Espero un día no ser más un puñado de escritores mal digeridos y tener alas propias, caminar con mis pies”.

Su viaje a París fue definitorio. A su regreso rompió con Emma a pesar de que la amaba. Emma se sometió a una operación de las piernas que le cambiaron el espíritu, diría el autor. Empezó a abanderar “valores típicos de la pequeña burguesía” y se convirtió “en una mujer común que había perdido todo su valor en aras de la belleza física, de la vanidad y del deseo enfermizo de ser como los demás”.

Cuando concluye esta relación amorosa y Luis se establece en París “ya no era Kafka ni Cervantes, ni Dostoyevsky, era simplemente Luis Álvarez, un escritor que de un año a otro hacía notables progresos, cuya intensa labor permitía vislumbrar a un gran novelista”.

“Regreso a casa”

En el cuento “Regreso a casa” me gusta la composición estética. El uso de la primera y tercera personas, el manejo de los tiempos, el salir y entrar de los temas narrativos o los paréntesis, la atmósfera descriptiva.

“Gabriela introdujo la llave en la cerradura” y la frase inicial lleva a una mujer frustrada, apocada, convulsionada por su historia y por la soledad que carga en su alma, desde la estación Bolívar hasta un apartamento de la calle Praga para ser poseída por su pasado y por un hombre que la persiguió como un kaibil a guerrillero guatemalteco, para finalmente, después de consumar un encuentro sexual con ron y cigarrillos, dejarla más sola que cuando tomó el tren en la estación Bolívar.

Leo casi completo el primer párrafo, como ejemplo de la atracción narrativa de este cuento:

“Gabriela introdujo la llave en la cerradura: la hizo girar lentamente y la puerta del edificio donde habitaba quedó abierta. Sin embargo, no intentó entrar, permaneció inmóvil por segundos, mirando el vaivén del llavero bajo su mano. Volvió sobre sus pasos, unos cuantos metros nada más, los necesarios para cerciorarse si el hombre que la seguía desde la estación Bolívar aún persistía: decepcionada observó una y otra vez la calle desierta bajo una luz mortecina muy triste. Se mantuvo en un punto mirando hacia todos lados. El tránsito había disminuido hasta hacerse poco notorio. El bullicio de la Zona Rosa no llegaba a ese discreto lugar en la calle Praga. Turistas, curiosos y exhibicionistas quedaron atrás, junto con su entusiasmo y superficialidad, en la parte comercial. Pensó en aquel tipo: era un tonto: la siguió (igual que un perro de presa) desde antes que ella abordara el metro para terminar rindiéndose cuando estaba a punto de triunfar; minutos antes, Gabriela había decidido introducirlo en su casa (un departamento pequeño en el tercer piso). Y al pensar en él no lo calificó de imbécil, más bien trató de encontrar las razones por las cuales iba a aceptar al perseguidor: ¿deseos?, ¿excitación tal vez?, no, ésa no era su forma de conducirse, ¿por soledad entonces?, esto resultaba más coherente, las noches la aterraban, el día era soportable gracias al entretenimiento proporcionado por algunas amistades y el propio trabajo”.

El texto me llevó, en el tema, a El extranjero, de Albert Camus y al señor Meursault, con su profunda apatía y soledad. En la narrativa me recordó La novela de un tranvía, de Manuel Gutiérrez Nájera, por la atmósfera que rodea al narrador que especula a detalle de una mujer que baja cotidianamente del vagón en la Plazuela de Loreto y toma un carruaje frente a la Iglesia, para ir, quizá en busca de su amante. Pero también a Clara, un texto de Roberto Bolaño en Llamadas telefónicas.

La exquisita narrativa de “Regreso a casa” nos lleva de la primera frase hasta el final, sin parar.

“Dentro de la piel del lobo”

“Dentro de la piel del lobo” hay una marcada intertextualidad. Jean Paul Sartre, Ernesto Sábato, Hermann Hesse, Robert Louis Stevenson y El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde; El lobo pastor, de Jean de la Fontaine y Edgar Allan Poe, aparecen referenciados tanto en epígrafes como en citas textuales.

Un ladrón londinense de bajo nivel, Robert Lester, se roba lo mejor que pudo haberse robado, un libro de magia negra que le da la posibilidad de convertirse en hombre lobo.

Fastidiado de vivir con el botín de los hurtos realizados y de buscar prostitutas baratas, Robert Lester encuentra en la licantropía la posibilidad de una vida menos ordinaria y tediosa. Temeroso va descubriendo poco a poco al lobo sanguinario que vive dentro de él. En sus sueños “no veía ya al hombre lobo, ya no era perseguido ni estaba al frente en actitud pasiva, era Robert quien desde el interior de la bestia miraba a los otros. La nueva perspectiva no le resultaba ingrata, mucho menos una desgracia: desde los ojos animales todo era mejor, como si contemplara el mundo en una posición envidiable de fuerza y poder”.

Lester, dice el autor, dejó de ser un modesto ladrón, un vulgar carterista y adquirió un nuevo estatus. Pero su nueva condición tiene una finalidad, vengarse de la sociedad que lo puso ahí: “Cómo llamar a un hombre que a placer se convierte en bestia, en lobo, para ajusticiar a miembros de una sociedad que lo obligó a vivir huyendo, que lo condenó a la pobreza, a una vida sórdida de soledad, prostitutas y whisky…”.

“Miriam”

“Miriam” es a todas luces un cuento fantástico. La protagonista convive con Juan Pablo Cazal, un muerto que regresó a concluir una novela.

En este cuento se ve la madurez y la definición literaria de René Avilés Fabila.

“Por eso me sumerjo en la literatura, para crear otro mundo, un mundo maravilloso donde uno pueda ser cabalmente un ser humano, sin perder la fantasía, la imaginación, la posibilidad de hacer lo imposible, jugar con la temporalidad, con la vida y la muerte, hacer seres a tu imagen y semejanza, como Dios, o más bien crearlos distintos, totalmente opuestos a uno”.

Después de los diversos encuentros y de que Juan Pablo terminó el libro y se fue para siempre del mundo fantasmagórico de Miriam, hay un diálogo revelador, que quiero citar para concluir mi participación:

(Miriam) “Tenía presente una conversación con Juan Pablo:

-Nadie escribe para sí mismo -Miriam lo escuchó-. La obra literaria tiene sentido con la publicación, cuando está en manos del crítico, del lector”.

Y eso es justamente lo que hoy estamos haciendo. Gracias René por tus libros, gracias por tu productiva vida a las letras de nuestro país, gracias por tu universalidad, gracias por tu presencia este mediodía nublado en Jalapa.

Gracias a todos.

Jalapa, Ver., julio 25 de 2010
Feria del Libro Infantil y Juvenil