
Dentro de la amplia bibliografía de René Avilés Fabila, El gran solitario de Palacio tiene una historia singular. El autor de clara orientación izquierdista, mientras preparaba su tesis de licenciatura, estuvo en las marchas del 68 y el 2 de octubre y presenció la matanza de Tlatelolco. Impresionado por tales sucesos, comenzó a escribir la novela a principios de 1969 y la concluyó en París en 1970, cuando estudiaba el posgrado en la Sorbonne. La empresa argentina Fabril Editora la publicó en 1971, en Buenos Aires. La novela fue bien recibida tanto en esta ciudad como en México, donde de inmediato ocupó los primeros lugares de ventas, pero la segunda edición ya no apareció en Argentina: un nuevo golpe militar había endurecido las políticas represivas y El gran solitario de Palacio aludía agresiva y abiertamente a los militares latinoamericanos. La novela pasó a México y aquí tuvo una serie ininterrumpida de ediciones. Según datos de una tesis de licenciatura sobre la literatura del 68, El gran solitario de Palacio llevaba, para 1990, unas doce ediciones y más de setenta mil ejemplares vendidos. En 1998, la primera legislatura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal hizo una edición especial, en rigor, la número dieciocho, para conmemorar los treinta años de la matanza de Tlatelolco.
De la novela, traducida a varios idiomas, se ha ocupado la crítica especializada nacional e internacional. En México, Perú, Argentina, Italia y Estados Unidos han hecho trabajos sistemáticos y agudos. Para muchos se trata de la mejor novela del 68 y posee grandes méritos literarios y testimoniales que resisten las pruebas del tiempo y del espacio, pues no solamente se trata del movimiento estudiantil y la masacre de Tlatelolco, sino que es un recuento del México contemporáneo que bien puede ir de los tiempos del general Cárdenas al momento en que el PRI pierde la presidencia en el 2000. En El gran solitario de Palacio, Avilés Fabila supo sortear con habilidad los peligros que implican para la estética la crítica social y el compromiso político.
Concebida como un amplio mural, la novela es una alegoría donde se entrelazan varias historias. El eje es la fatídica tarde del 2 de octubre en Tlatelolco. Nunca en la obra de René Avilés Fabila el humor y la ironía habían sido tan ácidos como en este sorprendente libro, cuyos orígenes pueden ser rastreados con facilidad en la historia literaria de los tiranos latinoamericanos, aquella que arranca con el Tirano Banderas de Valle Inclán y El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias. En tal sentido, vendría a ser la tercera novela escrita por una larga lista de escritores preocupados por las dictaduras latinoamericanas.
Hace muy poco tiempo, el distinguido politólogo Lorenzo Meyer publicó un ensayo sobre el presidencialismo. En este trabajo aludía directamente a la novela de Avilés Fabila, El gran solitario de Palacio. Explicaba que había sido un ejemplo válido para interpretar el autoritarismo presidencial. Señalaba, asimismo, que la expresión "gran solitario de Palacio" había sido aceptada para referirse a la soledad del poder, una metáfora lograda. Para otros, ya en el campo de la literatura, el autor consiguió hacer un clásico, una obra perdurable gracias a la mezcla de realidad y fantasía y a su capacidad crítica.
El crítico literario Giuseppe Bellini escribió en Italia refiriéndose a las novelas de dictadores latinoamericanos: ".. Especialmente El gran solitario de Palacio, en el que encuentro una gran fuerza de denuncia, un juego extraordinario de humor e ironía, una interesantísima novedad de estilo y de estructura". Del mismo modo, ensayistas norteamericanos recibieron esta novela de René Avilés Fabila, que hoy nuevamente ponemos al alcance del lector de habla castellana, ahora dentro de sus obras completas.
Editorial Nueva Imagen