Avilés Fabila: el que da y no quita

María Luisa Mendoza *

Cada uno de nosotros sobrevivimos atrapados en un nudo fuerte, duro, mojado. Somos un ixtle enredado para siempre, nos queramos o no. Familia. Pero en el viaje por la vida vamos capturando del aire hilos que a veces no caducan, y siguen creciendo, volviéndose parte integrante de nosotros, de nuestros pesares, alborozos y desensamblamientos catastróficos... Las hebras adaptadas siempre están allí para no reventarnos y perdernos, como dientecitos de león en el cielo. Tengo mis hilazas arraigadas. Pocas, es verdad, pero allí están. Y a veces, en el trote que digo de estar vivo y subir y bajar, me ha acompañado en su elegante silencio migran fibras de René Avilés Fabila. Hoy estamos en Xalapa y su neblina, el frío polar que receta a veces junto a sus exquisitos frutos de mar que nos traen a los embobados romeros desde el puerto, allá, cerquita de Antigua, mi selva privada con troncos de árboles matrimoniados felizmente desde antes de la Colonia, en los muros que han oído hablar español desde la semilla para el buen entendimiento de nosotros los mexicanos, por aquí naciendo o pasando nunca de largo, porque Veracruz se nos mete en la sangre tan campante y nos mece al grado que hasta los de Guanajuato, con toda la magia maravillosa que tiene el pañuelo de la República, quisiéramos ser veracruzanos y tener el mar propio en el que, insisto, llegó el idioma hoy hablado por todos, para gritar las palabras sabidas de amor y libertad, las usadas para escribir, aunque nadie las lea, o para denunciar y, sin olvidarnos: rezar.

Se suaviza el apretón sin ahogarnos y nos obsequia la vida, para atestiguar un doctorado Honoris Causa en el otorgamiento a René Aviles Fabila. Nuestras cuerdas, me cates, lo que sean, descansan y vienen a Xalapa, que sabe a doctorado Honoris Causa, venimos, dijo el otro, a sumarnos a la brisa de sal y de azúcar de Xalapa de mis amores y el honor a un literato a quien no he hecho otra cosa que verlo escribir, ir a presentar o ser presentada a ellos, a sus libros, y quien no hace otra cosa que escribir como un condenado a galeras, o dedicarse al amor, otra de sus capacidades muy dotadas por Dios. Me encanta que la Universidad Popular Autónoma de Veracruz cumpla con el cometido que le ha sido dado por los naturales del país y enluje doctorando a René Avilés Fabila, no oyendo el nutrido canto de las sirenas (por otro lado, habitantes desde que el agua es agua, en el mar de Veracruz, por donde entran los refugiados, ya ni hablar de los conquistadores, y toda la gente descubriendo el hechizo de estas tierras de la Vera Cruz). Y lo digo porque los doctorados y similares nada más se los dan a los que ya son mil veces doctores y todo lo demás... los mismos de siempre.

Discurso pronunciado en la entrega del Doctorado Honoris Causa a René Avilés Fabila por de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, el 22 de febrero del 2014 en el Auditorio Sebastián Lerdo de Tejada del H. Congreso del Estado de Veracruz. Xalapa, Ver.

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René Avilés  - Web Oficial