René Avilés Fabila - Escritor

 

El gran solitario de Palacio
Avilés Fabila explica su nueva novela *

Jorge Cruz

EL anuncio de la inminente aparición de la última novela de René Avilés Fabila, El gran solitario de Palacio (septiembre próximo en Buenos Aires), que será sumamente discutida sin dudas, me movió a enviarle a París unas cuantas preguntas, un breve cuestionario para conocer algo más sobre el autor y la novela que leí en una copia, y luego ajusté la entrevista por teléfono, para darle mayor agilidad. René Avilés Fabila, a los 30 años justos, aumenta su bibliografía: tres libros de cuentos y dos novelas con ésta.

JC: ¿Por qué publicas tu novela en Buenos Aires, René?

RAF: Sería estupendo decir que porque en México nadie quiso publicarla a causa de su violencia, pero el caso es otro; cuando la hube terminado y hacía preparativos para su edición, recibí una petición de Fabril Editora S. A., que abre una colección de literatura latinoamericana: querían un libro mío. Temeroso les envié el manuscrito de El gran solitario de Palacio, pues en él hay demasiadas puyas a los militares; a vuelta de correo venía un magnífico contrato por duplicado que hablaba de buen tiraje, de excelente distribución y el habitual porcentaje de regalías. Como ves, nada extraordinario.

JC: Sin embargo, al leer el original, me percaté que debido a ciertas audacias, insólitas en México, lo difícil que hubiera sido lograr aquí su publicación. Estoy seguro. Ahora bien, pocos nacionales han publicado en Argentina.

RAF: Así es. E ignoro la razón. Para mí es más importante Argentina como centro editorial que México, pese a que la inestabilidad política, normal en todo el sur de nuestro Continente, excepto en Chile, la ha dañado. Veamos. Las editoriales mexicanas tienden a un cierto nacionalismo literario a causa de que se dedican a autores del país casi únicamente y ni traducen extranjeros ni publican sudamericanos. Basta ver el catálogo de novelistas y cuentistas de cualquier empresa mexicana para probar lo que digo: el 90 por ciento de sus autores son nativos. Es una especie de aceptación del viejo y siempre renovado slogan consuma lo que el país produce. Y lo peor es que fuera de cuatro o cinco nombres, en el exterior, te hablo con conocimiento, nadie nos conoce. Y esto en círculos literarios o consumidores habituales de libros, porque entre el gran público no hay la menor idea si México cuenta con escritores o no. Más aún, no les importa.

JC: Pintas un panorama desolador.

RAF: Soy objetivo. Simplemente. Nada ganamos con faramallas de yo soy muy conocido en París, en Italia me aman, en Alemania soy el número uno. Es tristísimo andar por tantos países preguntando en librerías por nuestros escritores, hablando con estudiantes, profesores o periodistas, digamos, y hallarse ante una realidad tremenda, mientras que las ediciones en francés o en inglés de nuestras glorias se empolvan en las bodegas. Ahora claro, no faltan vivales, los que dicen, aprovechando que en México sólo viajan los nuevos ricos y uno que otro becario despistado que jamás ha tenido un libro en sus manos, salvo los estrictamente escolares, que tienen prestigios brutales en Europa, en África y en Asia. Insisto, es falso, cuando alguien ha llegado a tener éxito en el anciano Continente, es un éxito reducido, con facilidad localizable. Podría darte ejemplos concretos y cifras, pero ya estoy aburrido de que mis congéneres y afines me odien y juren no saber de mi existencia, como respuesta vengativa a mis palabras y poniendo de manifiesto una vez más la intransigencia ante la crítica.

JC: Cambiemos, pues, de tema. El gran solitario de Palacio, obviamente una novela política hasta el tuétano, muestra los dos caminos que hasta ahora has seguido: un cierto realismo, trabajado en Los juegos y en buena parte de La lluvia no mata las flores, y una visión del mundo absolutamente fantástica, parecida a la que utilizaste en Hacia el fin del mundo y Alegorías, sólo que ahora ambos caminan de la mano. ¿Me equivoco?

RAF: En absoluto. El libro tiene esas dos constantes. De hecho, para mí, cierra una forma de ver las cosas. Siempre estuve de uno u otro lado, pero en él fusioné los dos caminos. De ahí que considere que la novela corona mis esfuerzos por expresarme a mis anchas: lo mismo poniendo una escena política tal como si fuera capturada por una Yashica, lo mismo que utilizando simbologías para volar más alto. Aunque en rigor, la obra se carga hacia e1 realismo: era imposible evitarlo, sobre todo tomando en cuenta que está basada en la noche de Tlatelolco, en una realidad monstruosa de represión que no consigno aquí para evitarte problemas. Ahora bien, el humorismo también está presente y me sirve para satirizar diversos hechos históricos del país y contraponerlos con los últimos actos de nuestros gobiernos: entonces el libro salta de la risa al temor. De la farsa a lo dramático. La misma novela es un juego o una trampa donde ni el mismo solitario de Palacio, personaje central, puede escapar y hacer su papel tristemente, movido por pasiones extrañas e intereses ajenos, para usar el lenguaje nacional. En suma, esta nueva novela es mi forma de ver la política mexicana de manera global, más que contar la historia de un grupo de jóvenes que se enfrentan al Estado todopoderoso.

JC: La novela es muy pasional, obliga a tomar partido, a aceptarla o rechazarla, totalmente. Como por ahí dijeron estás cargado de odios: amores extremosos. Basta platicar contigo para darse cuenta, pero en El gran solitario de Palacio llegas a situaciones tremebundas. No hay alusiones o sugerencias, sólo ataques directos. Inclusive en la ironía o en donde la prosa es más suave como en la parte de los apólogos.

RAF: ¿Y cuál es él problema? No puedo escribir de otra manera. La novela trata un asunto espinoso para México y para muchos países latinoamericanos: la represión, la ausencia de libertad, la ausencia de crítica. Es una mirada a las consecuencias de cincuenta años de revolución (sin mayúscula, por favor) y una llamada de atención a lo que será el futuro del país de seguir el mismo camino. La objetividad es algo que desconozco, yo he tomado partido, y las posiciones conciliadoras o pusilánimes me molestan. La literatura es también un combate y no sólo estético. Seguiré escribiendo así, lleno de odios y amores, como me da la gana. Cuando mecanografiaba la versión definitiva de la novela, me di cuenta de que en efecto es muy pasional, pero lejos de amedrentarme, me felicité. Al fin había llegado a un tipo de literatura comprometida.

JC: ¿Con este libro cierras una etapa?

RAF: ¿O tal vez abra otra etapa? No lo sé con exactitud. Casi simultáneamente terminé otro volumen de cuentos: La desaparición de Hollywood y otras sugerencias para principiar un libro, que tras ese largo título esconde algo así como treinta textos muy breves; aún ignoro dónde y cuándo se publicará. En este libro hay alguna influencia de mis cuentos anteriores. Pero ahora me parece que llegó el momento de dar un vistazo retrospectivo y hacer una autocrítica que me conduzca al análisis de todo lo que he escrito. Una especie de balance y ver si, como decimos en México, voy bien o me regreso. Total, no son carreras de velocidad o de cantidad. Aunque creo, mejor vistas las cosas, que con estos dos últimos libros sí cierro una primera etapa de mi vida literaria.

JC: Pasemos a lo anecdótico. ¿Dónde escribiste El gran solitario de Palacio?

RAF: Mira, algunas notas y dos o tres capitulitos salieron conmigo de México, el resto, a riesgo de ser pedante, fue escrito en París y una parte en Madrid, aprovechando la ausencia de amigos y lo caro de los bares.

JC: ¿Te gusta París? ¿Qué piensas de Europa? ¿Te quedas allá por mucho tiempo?

RAF: Físicamente París es agradable, como Roma: ruinas de un pasado magnífico. Pero en general la Europa de occidente es un museo espléndido al fin y al cabo. Ahora las ideas vienen de otros sitios, o comienzan a venir, para no pecar de exagerado. Puedo decirte que Guevara tiene una bibliografía impresionante, que Camilo Torres es estudiado con cuidado, que Ho Chi Minh es respetado, que los pintores más cotizados en París son cinetistas latinoamericanos y que China, Chile, Cuba, Vietnam, por citar casos concretos, son mirados con atención, aunque claro, también con reservas. Europa occidental es tremendamente burguesa hasta en sus aspectos izquierdistas y del otro lado, nada más triste que los socialismos europeos tratando de volver al capitalismo decorosamente, sin que sean notados. En París hay algo más curioso que también muestra la decadencia: las izquierdas —totalmente divididas— paralizan actividades, vacaciones y la toma del poder sólo vuelve a plantearse cuando se reanudan las clases y el trabajo. Claro, también los revolucionarios necesitan ir a la playa o a la montaña. No obstante, nuestro subdesarrollo mental nos obliga a pensar en Europa como la meca de toda peregrinación. Y no falta quien después de una excursión de pague en diez años y viaje hoy, diga, orgulloso: Estuve en Europa, imagínate. Para mí es mucho más importante América Latina, África y Asia. De estos lugares vigorosos saldrán las mejores cosas del futuro. Una última cuestión, Jorge, el papel del intelectual está en su país, dentro de su ámbito, al que tiene que ayudar y modificar. Yo ando de paso por Europa. Tal vez esté un año más. Por lo pronto voy a Buenos Aires, por la salida mi novela, y aprovecharé el viaje para conocer los países de América Latina que son los que me importan y amo en primera instancia. Estos países están comprometidos o lo estarán, en la lucha por ser mejores y más dignos. Ya ves las estupideces que suelen decir los escritores que viven permanentemente en Europa y que terminan por olvidar sus orígenes y sus ligas. Se necesita ser un Cortázar o un Carpentier, con su solidez política y literaria, con su cariño por Latinoamérica, para vivir en Europa y no tragar anzuelos que por ahí soltaron personas que si no estaban con la CIA debieron haber cobrado, pues le trabajaron gratis.

Aparecido en el periódico Excélsior. Suplemento Diorama de la cultura. México, DF. Domingo 15 de agosto de 1971.*Aparecido en el periódico Excélsior. Suplemento Diorama de la cultura. México, DF. Domingo 15 de agosto de 1971.


Arriba

Principal de Web René Avilés

 


Regreso a la portada del sitio de René Avilés Fabila