René Avilés Fabila - Escritor

 

Entrevista
Novela de René Avilés Fabila
El reino vencido*

Eve Gil

Muy influido por escritores norteamericanos, especialmente una mujer a la que ha estudiado con devoción, Carson McCullers (“¡aunque también me he sentido Gatsby!”), René Avilés Fabila es uno de los escritores centrales de nuestra cultura.

Miembro durante su juventud de la llamada Literatura de la Onda, ha sabido madurar su escritura a la par de sí mismo, y en la actualidad difícilmente podría asociársele con sus compañeros de generación (José Agustín y Gustavo Sáinz) que siguen experimentando con las formas.

Narrador clásico, que no obstante ha abordado los temas más disímiles con un desparpajo que se ha vuelto distintivo de su persona, Avilés Fabila nos entrega su más reciente y ambiciosa novela El reino vencido (Patria, 2005), cuando todos creíamos que había abandonado definitivamente el género novelístico para consagrarse al cuento

Costal de recuerdos

¿Por qué demoraste tanto para escribir tu ambicionada novela? ¿Por qué demoraste tanto para escribir tu ambicionada novela?

Realmente no lo sé. Yo me acerco a los géneros según la necesidad de expresión del momento. Y había pensado en una novela de nostalgia donde reconstruyera el mundo idílico que se supone uno tuvo, cosa que, al final, uno llega a la conclusión de que es falso, porque la mente, que es muy selectiva, borra los momentos desagradables. Después de terminar Réquiem por un suicida empecé tres o cuatro veces El reino vencido (que todavía no tenía título), mismo número de veces que la deseché. No encontraba el tono ni la historia o las historias; no encontraba la estructura, ni siquiera el título: tuvo como quince títulos antes de llegar a éste.

Finalmente, un día, me encontré con la novela: me encontré un montón de recuerdos, de personajes, unos falsos, otros reales que metí en un sólo costal que fue Ciudad Jardín, y lo escribí de corrido pero después de muchos años de pensar y de intentar. Después me dejó como muy abrumado, pero inmediatamente escribí tres libros de cuentos que permanecen inéditos. Ya no corro detrás de las editoriales.

Las editoriales corren tras de ti. Las editoriales corren tras de ti.

Si yo te contara... los problemas para editar siempre son una historia trágica.

La memoria es engañosa, ¿jugaste conscientemente con tu memoria?La memoria es engañosa, ¿jugaste conscientemente con tu memoria?

Alguien me preguntó si yo tenía una memoria prodigiosa o si desde niño llevo diario. No, nunca he tenido diario. De hecho, mis memorias son absolutamente falsas. Las invento simplemente para expresar algo que quiero decir. En este caso lo que había eran recuerdos, muchas veces vagos, una pequeña anécdota, una frase, algo que me permitía reconstruir. En mi juventud sufrí mucho para llegar a ser el conquistador que me había propuesto, yo no fui afortunado con las mujeres hasta muy grande porque además era tímido. Ahora no lo soy, pero eran como sueños que yo tenía, fantasías que me hacía con determinadas vecinas. Resulta que recuerdo más la fantasía concreta que lo que realmente sucedió.

Dice Emilio Medina Mendoza, tu personaje, que se hizo escritor para poder contar su propia historia, ¿en cierto modo, te identificas con él? Dice Emilio Medina Mendoza, tu personaje, que se hizo escritor para poder contar su propia historia, ¿en cierto modo, te identificas con él?

En cierto modo sí. De todos los personajes que he hecho, ninguno me es tan cercano, porque como Emilio veo muy destruido mi mundo, es decir, la ciudad de México (“el reino”). Yo hubiera querido ser como él, tener un fin grandioso que él no lo tiene... bueno, sí, por lo menos desaparece y eso va a intrigar mucho a los lectores. Sin embargo, siento mejor logrados a mis personajes femeninos. Pienso en Tantadel o en Odette; en algunos cuentos como “Miriam”... porque he observado más atentamente a las mujeres que a los hombres. Los hombres no ejercen ninguna fascinación sobre mí, ¡ninguna!, más aún, los veo con total indiferencia y con algún desdén. A las mujeres las veo con cuidado, quizá porque siempre viví con mujeres. Mis primeros años de primaria los hice en una escuela de niñas donde yo era el único varón, porque mi mamá era maestra ahí. ¡Era una maravilla! Así que mi concepción machista está muy bien fundamentada (risas).

En tu novela manifiestas un auténtico malestar por la destrucción de tu ciudad, pudiera decirse, incluso, que todo parte de la impotencia al respecto. En tu novela manifiestas un auténtico malestar por la destrucción de tu ciudad, pudiera decirse, incluso, que todo parte de la impotencia al respecto.

Yo recorrí mucho esta ciudad... bueno, hasta la preparatoria en que llegué más allá de Paseo de la Reforma, pero esa mitad de la ciudad incluye la parte más importante, que es el centro, donde vi y viví cosas maravillosas: ahí estudié, ahí empecé a beber, ahí conocí a una multitud de grandes personajes. En el Colegio Nacional mi papá me presentó a don Jaime Torres Bodet, en la Secretaría de Educación conocí a Agustín Yáñez, y en el Café París, a Carlos Pellicer, que para mí eran personas admirables porque los escuchaba nombrar desde muy niño. La ciudad era muy atractiva, muy misteriosa, despertaba tu imaginación... y, claro, la destrucción no es muy reciente, pero yo de niño pensaba qué maravilloso sería que fuéramos ocho millones de habitantes, cuando éramos uno. Qué estupendo sería ver las calles tan transitadas como las fotos de Nueva York y, después, te das cuenta de que no es cierto. No me gusta la ciudad hoy en día. Justamente acabo de publicar un artículo donde describo Paseo de la Reforma, como era cuando yo lo caminaba, y ahora cómo lo tienen López Obrador, Encinas, el PRD, o todos juntos. Por supuesto que la destrucción no la empezaron ellos, pero tampoco han hecho nada por detener el deterioro de la ciudad.

Terror del mundo

El personaje femenino más importante de la novela es la mamá de Emilio, una mujer en verdad imponente, dura como una piedra, pero muy amada por su hijo. ¿Se parece a tu mamá?El personaje femenino más importante de la novela es la mamá de Emilio, una mujer en verdad imponente, dura como una piedra, pero muy amada por su hijo. ¿Se parece a tu mamá?

Esa sí es autobiográfica. Para mí fue muy complicada la relación con mi madre. Me imagino que de niño siempre estuve pegado a ella. Lo deduzco por las fotografías callejeras. En 1942-1943 San Juan de Letrán estaba lleno de fotógrafos, se supone que el Che Guevara trabajó de eso durante algún tiempo... y en todas tengo una cara de susto que se repite en las mil fotos, y mamá se ve muy arrogante, muy guapa.Esa sí es autobiográfica. Para mí fue muy complicada la relación con mi madre. Me imagino que de niño siempre estuve pegado a ella. Lo deduzco por las fotografías callejeras. En 1942-1943 San Juan de Letrán estaba lleno de fotógrafos, se supone que el Che Guevara trabajó de eso durante algún tiempo... y en todas tengo una cara de susto que se repite en las mil fotos, y mamá se ve muy arrogante, muy guapa. Me producía terror el mundo. Ella era muy bella, muy inteligente, muy culta, pero irreflexiva para educar a su único hijo varón, aunque a mi hermana también la echó a perder. Entonces, mi mamá estaba como que muy orgullosa porque había educado muy bien a sus hijos, pero yo tengo unos traumas espantosos: despierto sudando en las noches porque sueño que no tengo a dónde ir (risas). No recuerdo que mi mamá haya dialogado conmigo sino hasta ya estando yo muy grande, la invité a beber conmigo. Sin embargo, cuando escribí el libro sobre ella me di cuenta de que era muy poco lo que sabía. Tuve que llenar los huecos con inventiva de escritor. La verdad es que me sería imposible escribir algo apegado a la realidad.

Emilio es un quejumbroso: tiene a las mujeres a sus pies (una, incluso, le regala una casa en San Ángel... y se trata de una jovencita que lo seduce siendo un hombre maduro) y, sin embargo, se compadece a sí mismo. Emilio es un quejumbroso: tiene a las mujeres a sus pies (una, incluso, le regala una casa en San Ángel... y se trata de una jovencita que lo seduce siendo un hombre maduro) y, sin embargo, se compadece a sí mismo.

Es un poco como el personaje de Réquiem por un suicida, que está enamorado de la muerte. Y tiene todo también. Si te fijas, los dos son escritores. De hecho, nunca he recurrido a otra clase de protagonista masculino que no sea un escritor. Me lo han recriminado, pero, ¿a mí, qué me importa?

Publicado en la Revista Siempre! 20 de noviembre de 2005.* Publicado en la Revista Siempre! 20 de noviembre de 2005.


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