René Avilés Fabila - Escritor

 

NOVEDADES BIBLIOGRÁFICAS
Autor de Material de lo inmediato *

César Güemes

He sido menos combativo en el periodismo cultural que en el político: René Avilés Fabila

Cómo hace, a estas alturas de su trayectoria, para realizar una selección que vaya de su trabajo periodístico al espacio de un libro.

En realidad la idea que yo tenía, no sé si porque me empiezo a sentir ya viejo, era agrupar la totalidad de mis artículos culturales. Del mismo modo que ya aparecieron todos mis cuentos fantásticos en el Fondo, y del mismo modo en que la UAM y Aldus van a publicar la totalidad de mis cuentos amorosos. Ese proyecto me daba alrededor de 380 páginas. No es mucho lo que he escrito realmente en materia de periodismo cultural. Lo agrupé por temas, artes plásticas, literatura, y demás. Pero resultó que en el CONACULTA me dijeron que no admitían ya libros de más de 200 páginas, que volúmenes anteriores dentro de la misma serie que superaron ese espacio habían sido excepciones. Entonces hubo que quitar prácticamente la mitad de mi trabajo. Se conservó cierto orden pero se suprimió una buena cantidad de artículos, de reseñas, de notas. Creo que de todos modos el volumen da una idea de la labor que he hecho.

Es un tanto sorpresivo que nos diga que no tiene una obra muy amplia dentro del periodismo cultural si pensamos que desde hace un tiempo considerable se ha dedicado a él.

Lo que conservo son toneladas de artículos de corte político, y nunca he tenido la intención de llevarlos a un libro porque considero que son trabajos de coyuntura, del momento. Ahora, yo tampoco sé por qué no tengo tantos trabajos de periodismo cultural como cabría esperar. Ahora que lo dices comparto tu desconcierto. Claro que no estoy incluyendo en aquellas primeras 380 cuartillas todo lo que publiqué en el suplemento de Juan Rejano, en El Nacional, esos incluso son trabajos que he perdido de vista, tendría que buscarlos en la hemeroteca. Creo que de todos modos no es mucho porque casi siempre he preferido publicar cuentos.

Ya que esta obra periodística cultural es tan determinada en su volumen, qué unidad encontró en ella ahora que la revisó para que fuera hecha libro.

Hay una característica, sí. En el periodismo político nunca me ha gustado nada, siempre he sido muy crítico, catastrofista me han dicho algunos. He hecho puntualmente, cada ocho días, crítica al sistema político mexicano, concretamente de la figura del presidente de la República. Sin embargo en los artículos culturales prácticamente todo se me va en elogios. Y me encontré con ese denominador común. Eso me prueba que he escrito, dentro del periodismo cultural, con la intención de elogiar a los escritores que admiro, a los pintores que me gustan.

He sido menos combativo en el periodismo cultural que en el político, ésa es la constante. Ya había publicado antes parte de mis artículos en el Diccionario de los homenajes. Ahí el título da la idea clara: casi siempre he trabajado el periodismo cultural para reconocer lo que me gusta. Eso me llama mucho la atención porque a mi alrededor el mundo económico y político me disgusta profundamente, no lo soporto. Quizá por eso he sido muy consecuente. Desde 88 estuve diciendo, y se puede constatar, que Salinas había creado una cultura del fraude. Señalé insistentemente que era un pillo. Todo esto que descubren ahora asombrados mis compatriotas, yo lo dije durante seis años. Sin embargo, en el periodismo cultural busco más bien lo elogiable, lo bueno. Es algo muy raro, no sé a qué se deba, necesito a algún siquiatra tal vez.

Qué es lo que ha faltado en su ejercicio periodístico cultural. Si ha buscado lo bueno, dónde está lo malo.Qué es lo que ha faltado en su ejercicio periodístico cultural. Si ha buscado lo bueno, dónde está lo malo.

El gran ausente en mi vida como periodista de cultura fue la entrevista. Nunca las pude hacer. Vengo ahora de un acto donde se habló de Rulfo, y recordé que nunca lo pude entrevistar. Fui enviado en su momento por José Emilio Pacheco y por Fernando Benítez, a entrevistar a Rulfo. Tenía amistad con él, había sido mi maestro en el Centro Mexicano de Escritores. Pero iba yo caminando a su lado y no encontraba la manera de hacer el trabajo. Y no sólo eso, sino que luego me tocó entrevistar a Benedetti y no me dio la plática. Y no supe qué hacer. Después de eso tuve la orden de hablar con Nicolás Guillén, pero el tipo no sólo no me respondió, sino que me miró como si fuera yo un agente de la CIA. Era 1962, con la Revolución Cubana en pleno auge. Pues no fui capaz de obtener la entrevista. No me quise dar por derrotado: durante un desayuno con Alejo Carpentier le pedí una charla, a lo cual me dio como mil largas. Ya desesperado le dejé las preguntas y me prometió que desde Francia me las iba a contestar. Nunca me respondió nada. Fui un fracaso como entrevistador.

"En El escritor y sus problemas, que también apareció en el Fondo, publico entrevistas con dos docenas de los escritores más importantes de 1960. Pero cuando me preguntan alumnos míos qué técnica utilicé en esas conversaciones, les tengo que decir la verdad: que no utilicé ninguna, les di la hoja con las preguntas a cada uno de ellos. Lizalde y Monterroso me contestaron tres semanas después. Así que no se daba la entrevista real. Me inhibía el asunto. A Siqueiros lo entrevisté muchas veces para un programa de televisión en Canal l3 e igual, no sabía qué preguntarle después de cada una de sus respuestas, además abrumadoras. Me quedé con esa angustia. Esto que Leñero llama el duelo de inteligencias que se da en una entrevista, nunca era un duelo porque yo me quedaba verdaderamente paralizado de terror. No sabía. Y a la fecha evito entrevistar, no porque tenga desdén, al contrario, creo que es el género periodístico por excelencia, sino porque me veo incapacitado para él".

Para redondear este apartado del desencuentro con la entrevista, a qué lo atribuye si justamente su desarrollo público nos habla de un Avilés Fabila muy extrovertido e incluso impositivo en ocasiones.Para redondear este apartado del desencuentro con la entrevista, a qué lo atribuye si justamente su desarrollo público nos habla de un Avilés Fabila muy extrovertido e incluso impositivo en ocasiones.

En realidad así soy, pero resulta que si alguien me dice que no, mi reacción inmediata sería mentarle la madre. Y eso es antiperiodístico porque entonces menos consigo la entrevista.

La agresividad que tengo me detiene y opto por el silencio. Alguna vez tuve una entrevista exitosa que no se publicó. Fue cuando estaba en el Unomásuno. Yo iba a Moscú, y Becerra Acosta aprovechó para pedirme que hablara con el presidente del comité olímpico soviético. Logré la plática y todo salió muy bien. Lo que pasa es que yo no tengo una puta idea del deporte, así que cuando mandé la nota se quedaron horrorizados. Es la única vez que recuerdo que no me inhibí. Algún día escribiré qué es lo que me ocurre con las entrevistas cuando soy yo quien tiene que hacerlas.

Una de las características de su trabajo en general y en particular dentro de Material de lo Inmediato es el humor. ¿Lo busca mientras está frente al teclado o es algo que, por el contrario, ya no puede ni quiere evitar?Una de las características de su trabajo en general y en particular dentro de Material de lo Inmediato es el humor. ¿Lo busca mientras está frente al teclado o es algo que, por el contrario, ya no puede ni quiere evitar?

Es natural, por eso a veces no sale nada. Si sale el trabajo humorístico, bien, si no, ni hablar. No resisto hacer una broma. Prefiero, como dice aquella famosa idea, perder al amigo que dejar una buena broma. Pero de pronto no salen. Así como decía Lezama Lima que no se puede ser revolucionario 24 horas al día, pienso que no se puede ser humorista a lo largo de ese mismo lapso. Recuerdo haber platicado con Ibargüengoitia, y era más bien solemne. De pronto incluía el chiste, pero estaba más agazapado en la palabrota o en una salida falsa que en el humor magnífico que le leíamos constantemente. En mi caso el humor me sale de manera natural, no sé si sea heredado o adquirido.

Cómo han influido en su trabajo las personas que coordinaron los sitios donde laboró hasta antes de que usted mismo se encargara de dirigir una sección o un suplemento.
Cómo han influido en su trabajo las personas que coordinaron los sitios donde laboró hasta antes de que usted mismo se encargara de dirigir una sección o un suplemento.

Me formé periodísticamente el El Día y en El Nacional dentro de la parte que coordinaba Rejano, donde coincidí con Humberto Musacchio, Gerardo de la Torre, José Agustín y todo un grupo más o menos de mi generación. Ahí observaba cómo Rejano trataba a los colaboradores con un profundo respeto, cómo revisaba los materiales y cómo regañaba. Entendí que eso era muy creativo, que nos estimulaba. Era un maestro. Con Fernando Benítez fue distinto. Llegué a él con una primera entrevista, curiosamente, que le hice a José Agustín. Un trabajo que me fue muy sencillo porque estudiamos juntos, éramos grandes amigos. Así llegué con Benítez. Pero por ahí recordé hace poco, en el homenaje que le hicieron en la FIL, que efectivamente es el gran creador de suplementos, ha construido mucho en México, pero también es uno de los que han consolidado el ninguneo, es uno de los hombres que han creado mafias y grupos excluyentes que han hecho daño al desarrollo de la cultura. Y que finalmente es un hombre majadero. Ese ninguneo me desconcertaba. En algún momento me di cuenta que eso no podía seguir así, que iba a terminar a los gritos con un hombre que me trataba con esa insolencia a la que no estaba acostumbrado.

"En El Día era otra cosa, porque Arturo Cantú, que dirigía la sección cultural, me pedía escribir más reseñas de libros que entrevistas. Con Becerra Acosta tuve, así se dice en México, la oportunidad de formarme como fundador en Unomásuno. Nunca hubo problemas con él. Permanecí como articulista un tiempo hasta que personas siniestras como Héctor Aguilar Camín llegaron a ese periódico para tratar de apoderarse del diario en contra de las personas que lo habíamos fundado. Eso está documentado. De los 30 que llegamos a formar el diario, todos salimos con excepción de Becerra Acosta. Curiosamente mi gran escuela de periodismo fue el Diario de México. De ahí salté a Excélsior por una invitación de Nikito Nipongo. Diría que aquí llegué formado, no he visto ningún cambio en 12 años que llevo en este periódico".


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