René Avilés Fabila - Escritor

 

Alegorías de René Avilés Fabila *

Antonio Castañeda

René Avilés Fabila, autor de Los juegos novela con la que se inicia formalmente en la literatura mexicana, y de Hacia el fin del mundo, volumen de cuentos editado por el Fondo de Cultura Económica, en el que aborda una temática poco frecuentada por los cultivadores del género en México, acaba de publicar Alegorías, textos breves cercanos a lo mejor de la fábula y el bestiario. Avilés forma parte de una joven generación que trabaja en medio de serias preocupaciones y profesionalismo.

¿Cuál fue tu experiencia como autor y editor de la novela Los Juegos?

En tanto autor, la experiencia se traduce en el éxito que han tenido las dos ediciones de Los juegos. Vista a distancia, la novela parece haber perdido agresividad. La gente ya no se indigna al leerla. Las últimas notas sobre ella son una especie de revalorización; ahora la analizan objetivamente: ha perdido su original poder de escándalo y le conceden mérito que en otros países le dieron y que aquí, al principio, le regatearon. Respecto a editar y vender Los juegos, la cosa es triste. Fue interesante, pero no quisiera vivir la situación. Acarrea demasiadas molestias. En lo sucesivo, prefiero que una editorial publique, publicite y distribuya mis libros.

¿Qué aceptación ha tenido Hacia el fin del mundo, recientemente publicado?

El Fondo de Cultura Económica conoce el estado de las ventas mejor que yo. Pero puedo decirte, con cierta o mucha, vanidad, que los comentarios y las notas sobre Hacia el fin del mundo suman un buen número, y a diferencia de Los juegos, tienen un denominador común: son favorables, incluso elogiosos. Claro, hay reparos, pero siempre son absurdos: que si tiene muchas dedicatorias, que si son cuentos muy breves. Ahora, hay notas como las de Juan Vicente Melo, Sigfrido Gordon, Julieta Campos, Raúl Cáceres Carenzo, Vilma Fuentes, Francisco Zendejas, Rafael Solana, que señalan aciertos y defectos con bastante lucidez. Sin embargo, creo que todavía es prematuro hablar de su aceptación entre los lectores. Una segunda edición y alguna traducción serían más convincentes.

¿Cuáles crees que, sean los más graves problemas que enfrenta el escritor joven en México?

El halago fácil o gratuito y la falta de recursos económicos que le permitan dedicarse de lleno a su trabajo. De pronto aparece algún escritor, serio, con aspiraciones, con un buen grado de cultura, y los descubridores de talentos corren hacia él y lo elogian y lo editan y lo comentan, y al final los resultados son el fracaso y la frustración. De esto tenemos casos concretos. Hay que tener mucho cuidado con esas personas, evitarlas en lo posible y no escuchar el canto de las sirenas. Lo segundo es casi imposible de resolver. El escritor trabaja para vivir y con frecuencia insólita trabaja en cosas ajenas a la literatura. Eso lo daña aunque sea levemente; Pero este problema no es ni será fácil de resolver, sobre todo en los países donde nadie, compra libros, y menos leen. Con un gran público lector, el escritor tendría mayores tirajes y consecuentemente mayores ingresos.

¿Cómo podría resolver dignamente el problema económico el escritor mexicano?

Siendo objetivo, de muy reducidas maneras. Una podría ser el cine y la televisión, pagan bien. Lo duro es entrar y luego aceptar escribir un argumento para Capulina, o hacer una telenovela para el Santo. Otra es la publicidad. Las agencias ofrecen buenos sueldos. Y así como en los cuarentas, los escritores suponían que el correcto camino para obtener dinero era estar en la Secretaria de Educación Pública, ahora se cree que la publicidad es el Camino decoroso para subsistir, ya que ningún escritor puede vivir cómodamente con el producto de sus libros. A fuerza recurren a otras actividades, como ya te dije. Cada escritor puede y debe trabajar en cosas ajenas a su literatura, buscando satisfacer sus necesidades, lo que nunca debe hacer es abandonar su vocación. Como decía Leñero, trabajar en otras cosas enriquece, sólo que hay que saber aprovechar esos nuevos conocimientos.

¿Cuáles son los problemas del escritor en México en relación con los editores?

Son pocos. Si un escritor tiene verdadero talento publica en cualquier editorial. Los genios no permanecen ocultos. Hay muchos que se quejan, pero deberían quejarse de su falta de talento. Estamos en un momento en que los editores se pelean casi por los jóvenes escritores, los buscan; todo es cuestión de tener un buen original en las manos. En ocasiones el editor se equivoca, pero esto se debe a que no está rodeado de un grupo de críticos serios que le orienten. Con mayor rigor, también habría que analizar si el editor se arriesga a publicar literatura que de alguna manera hostilice al régimen o a otros escritores o intelectuales que sean sus amigos. El editor es una persona y como tal tiene intereses y amistades y con frecuencia tiene más intereses que amigos.

¿Qué rumbos está tomando en México la nueva narrativa y a quiénes consideras más representativos?

Los jóvenes, de Carlos Fuentes a los escritores de veinte años, están trabajando con mucha seriedad y constancia. Nuestra literatura no está a la altura de otras, incluso del mismo continente, pero está poniendo las bases que le permitirán ganar en breve un impulso universal. El joven escritor es ambicioso, no se conforma con los límites nacionales, su objetivo es internacionalizarse. Mira con sana envidia a quienes han logrado esto. Y se prepara, escribe mucho, lee bastante y generalmente es universitario, lo cual magnifica el panorama. Ha dejado atrás la improvisación y los caminos trillados y se ha lanzado a una búsqueda desesperada para llegar a mejores libros. Rompe con las tradiciones y formal y temáticamente es exigente. Los más representativos son el propio Fuentes, Juan García Ponce, Juan Vicente Melo (sobre todo ahora que apareció su magnifica novela La obediencia nocturna), Fernando del Paso, Vicente Leñero (metido a dramaturgo y haciéndolo bien como todo lo que hace), Juan Tovar, José Agustín (él más que nadie, con seis libros publicados antes de los veinticinco años, libros espléndidos que permiten a la gente vislumbrar al José Agustín de cuarenta años) y otros que ya no menciono para evitar el catálogo.

¿Crees que la crítica literaria en México está al nivel de una literatura que empieza a tener proyecciones fuera del país?

Indudablemente que no. De esto ya he llenado varias docenas de cuartillas, así que seré breve para no ser obsesivo. Tenemos un Carlos Fuentes y un Vicente Leñero, pero carecemos de sus equivalentes en la crítica. Tampoco Juan Rulfo o Juan José Arreola tienen equivalentes. La crítica se está quedando a la zaga. Habrá que preparar críticos en las universidades. Habrá que hacer lo que Alberto Dallal sugiere y efectúa: crear críticos capaces en las aulas y formados en el culto al rigor y a la objetividad. Sólo hay unos cuantos que por ahora abordan la tarea crítica con seriedad. Pero los escritores jóvenes se multiplican y tienen éxito, y los nuevos críticos no aparecen por ningún lado.

Háblame de los libros en que trabajas actualmente.

Trabajo en un libro de cuentos y en una novela, El libro de cuentos está concluido. Sólo pulirlo y a la editorial. Se trata de diez cuentos largos unidos por un punto: la corrupción del amor. Pero también están presentes otros actores como la insatisfacción sexua1 y el choque de los espíritus libres con una sociedad llena de prejuicios y traumas. Son cuentos donde la pareja tiene problemas, así esté formada por dos mujeres o por dos hombres; hablo de la pareja sin que por ello forzosamente deba ser de sexo distinto, donde el amor no se logra en algunos de ellos, hay ciertos elementos de humor, de broma. Y en general el erotismo juega un papel predominante. La novela es bien distinta y apenas lleva noventa o cien cuartillas. Su tema es político, es la lucha de un grupo de jóvenes que se enfrenta al poder del estado con los resultados consabidos. El lugar y el tiempo son inexistentes. Y su estructura está condicionada por dos constantes: la cárcel como punto de partida para la historia de los jóvenes y el origen, la formación y los métodos de subsistencia que utiliza el estado de ese sitio. La primera es narrar con toda seriedad, hasta con dolor. La segunda es una disparatada relación de cuestiones absurdas, cuyos resultados son verdaderamente trágicos. Al final del contrapunto se cierra en una larga secuencia, casi cinematográfica, de la descripción de los cadáveres jóvenes. En realidad, la novela es aún proyecto. Para ella tengo planes muy ambiciosos y quizás me lleve mucho tiempo, años. Los cuentos no. Aunque el amor es algo muy importante para mí, más lo es la política y creo que en este libro debo ofrecer mi mejor esfuerzo. Pero he ido más lejos y pensando en que algún día Hacia el fin del mundo se reeditará (qué optimismo ¿verdad?), también estoy escribiendo relatos que pertenecen por entero a las intenciones temáticas y formales de ese volumen de cuentos que el Fondo editó. Pretendo hacer una segunda edición aumentada y corregida. Tengo escritos unos veinte o veinticinco relatos y calculo escribir otros tantos para tener material de dónde escoger.

¿Tienes alguna idea especial respecto a lo que es un libro de cuentos?

Claro que la tengo. No creo en los libros de cuentos formados con textos costumbristas, rurales, urbanos, fantásticos, etc. El libro de cuentos debe tener un eje sobre el cua1 gire una unidad. De otra manera, se trata de un señor que a fuerza quiere publicar un libro y entonces lo rellena tomando de aquí y de allá sus trabajos dispersos. En este caso no es un libro de cuentos; se llama margallate. El libro de cuentos debe pensarse, obliga a analizar los temas, las estructuras, el lenguaje y cosas de esta índole. Así escribí Hacia el fin del mundo. No fueron cuentos escritos al azar o porque de pronto se me ocurrieron. Nada se me ocurrió, Todo lo pensé con cuidado. E hice piezas de un sólo rompecabezas. Lo que no servía, fuera. Faltaba algo, lo escribía. También así concebí y escribí mi nuevo libro de cuentos que, imagino, saldrá el año entrante. Así Rulfo escribió El llano en llamas y Martín Luis Guzmán El águila y la serpiente y Arreola escribió Confabulario y Agustín Inventando que sueño y Ojeda Don Archibaldo.

Aparecido en Revista Siempre! Suplemento La cultura en México No. 412.* Aparecido en Revista Siempre! Suplemento La cultura en México No. 412.


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