René Avilés Fabila - Escritor

 

Estamos a tiempo de reconocer la obra de Elena Garro, señaló René Avilés Fabila



Foto Abraham Paredes
PAULA CARRIZOSA
La Jornada de Oriente

Estamos a tiempo de rendirle homenaje a la escritora poblana Elena Garro, la mujer que soportó ofensas por un error que no resultó tan grave, pidió reiteradamente el ensayista René Avilés Fabila, luego de recibir la copia de la Cédula Real que le entregó la presidente municipal, Blanca Alcalá Ruiz, el pasado viernes en el salón de cabildos del ayuntamiento de Puebla. “Estamos a tiempo de rendirle homenaje a la escritora poblana Elena Garro, la mujer que soportó ofensas por un error que no resultó tan grave”, pidió reiteradamente el ensayista René Avilés Fabila, luego de recibir la copia de la Cédula Real que le entregó la presidente municipal, Blanca Alcalá Ruiz, el pasado viernes en el salón de cabildos del ayuntamiento de Puebla.

Puntual, sobrio y con unos libros bajo el brazo, el escritor esperó acompañado del regidor Jaime Cid Monjaraz la llegada de la presidente municipal al acto, que estaba proyectado hacia el mediodía y que comenzó más de media hora después y que contó con la presencia de amigos y miembros del ayuntamiento.

Contento por recibir la copia de la Cédula Real de manos de los que, dijo, son los representantes de los mismos ángeles, el autor de El amor intangible manifestó que su relación con la ciudad de Puebla comenzó desde niño, cuando sus papás venían de paseo y él aprovechaba para caminar por los portales.

Su discurso de agradecimiento se centró en personajes poblanos que conoció y con los que estrechó lazos de amistad y de trabajo intelectual. Recordó a Vicente Lombardo Toledano, con quien editó La carta a un joven socialista, escrito que invitó a leer incluso en un contexto capitalista como el actual.

Nombró también a Germán List Arzubide, intelectual del movimiento estridentista a quien definió como un batallador social en tiempos en los que era peligroso serlo. Trajo a la memoria al dramaturgo Héctor Azar, con quien dijo tener una amistad fácil e inalterable que propiciaba los encuentros con otros escritores como Eraclio Zepeda y Ethel Krauze, quienes andaban entre las ciudades de Puebla y Atlixco.

Rememoró también a personajes como el historiador Ernesto de la Torre Villar, quien además de su maestro fue testigo de honor, junto a José Agustín, en su boda celebrada hace 50 años, mientras que de Gastón García Cantú, con quien tuvo una amistad larga, expresó que era uno de los eruditos más notables del país.

De todas la figuras a las que se refirió, a la que recordó con especial cariño fue a Elena Garro, dramaturga, coreógrafa y esposa de Octavio Paz, pues “luego de Sor Juana Inés de la Cruz fue la mejor escritora que haya existido en México”, señaló.

“La conocí en la embajada cubana, cuando la revolución empezaba y cuando el Che Guevara andaba recorriendo toda América Latina. Su belleza me sorprendió, pero más su inteligencia”, expresó.

Continuó diciendo que tras el exilio en Francia, allá por 1987 y tras la persecución del presidente Gustavo Díaz Ordaz, pudo conocer a Elena Garro en París, y que su amistad cercana fue resultado de “un acto de osadía ingenua”.

Para Avilés, la autora de Los días del porvenir era dueña de una inteligencia magnífica basada en la pluralidad y que se dejaba ver en sus amistades: campesinos, algunos intelectuales y el político tabasqueño Carlos Madrazo, por ejemplo, fueron quienes se relacionaron estrechamente con la ex esposa del premio Nobel.

Para el homenajeado, el error de Garro fue pasar sus problemas del nivel personal al político, hecho que le hizo cargar un resentimiento y un odio profundo hacia sus enemigos. Recordó que tras su regreso al país se reactivó el sentimiento de aversión que le tenía la clase política y que fue ésta quien le llevó hacia una muerte estúpida, rodeada de la soledad, de su hija Helena Paz y de sus gatos, los únicos que supieron comprenderla.

Por ello, solicitó que el ayuntamiento de Puebla y su alcalde, “una mujer inteligente, como ella”, le hagan un homenaje, que le dé el reconocimiento y la difusión que se merece. La súplica no fue escuchada, puesto que Blanca Alcalá había salido momentos antes, pues debía atender “asuntos urgentes”, como señaló luego de su reingreso al salón de cabildos.

Entonces Avilés Fabila no dudó en repetirle al oído parte de su discurso; enseguida, la presidente pidió el micrófono y llamó a los representantes de la UAP a que estaban presentes, a que trabajaran para realizar el homenaje que el invitado pedía.

Enseguida, expresó que la entrega de la copia de la Cédula Real era una forma de reconocer en vida la labor de los intelectuales mexicanos y que en el caso de René Avilés era un homenaje por su 70 aniversario y, sobre todo, a su espíritu crítico. Para finalizar dijo que admiraba al escritor, al politólogo y al ensayista, pero sobre todo al hombre que está comprometido con la democracia.


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